Donald Way.

Un día en la vida de Donald Way no es fácil. Por supuesto, muchos deben de pensar lo contrario. Es decir, ¿qué tan difícil es ser él? Ni siquiera su esposa, Donna, entiende qué tiene de complicado ser él: ella es la que tuvo que dejar a un lado su carrera para poder dedicarse de tiempo completo a sus hijos, ¡ella es la que tuvo que soportar los berrinches de los niños y cambiar pañales!

Claro que cada vez que Donna comienza con sus quejas, Donald sólo pone los ojos en blanco y finge estar ocupado con los papeles que están en su escritorio, esperando que así su mujer lo deje en paz. A veces funciona, como hay veces en que no sirve de nada.

Hay ocasiones en las que Donald se ve tentado en decirle, de una vez por todas, por qué ser él es tan complicado, sin embargo Dios le ha regalado el poder de controlarse, morderse la lengua y aguantar los berridos de su mujer.
No lo malinterpreten, adora a su esposa, pero es en situaciones como esas en las que no puede evitar pensar en lo diferente que habría sido su vida si en vez de casarse con una italiana que está acostumbrada a que siempre se haga lo que quiere, a si se hubiera casado con una americana aburrida que con suerte terminó la preparatoria.

Cuando piensa en eso, es cuando se da cuenta de lo afortunado que es por tener a Donna a su lado, pues ella siempre le ha brindado emoción a su vida, además que es entretenido discutir con ella sobre casos jurídicos que aparecen en el periódico. Sí, no cambiaría a su querida Donna por nada.

En fin, después que su mujer deja de quejarse hasta del perro, es cuando finalmente puede concentrarse en el trabajo que tiene pendiente sobre su escritorio. Ahí es donde comienza su dolor de cabeza, pues es donde descubre quienes de sus hombres enfrentan cargos penales, qué tan graves son y es donde tiene que elaborar una muy buena defensa para dejarlos libres.

Eso es cuando la persona acusada es alguien demasiado valiosa para la Familia, en caso que sea lo contrario, simplemente manda a otro de sus hombres para que se encargue de ese asunto. Sinceramente, es la forma más fácil de arreglar los problemas: prefiere matar a miembros de la Familia a gastar dinero para salvar sus estúpidos traseros.

El que normalmente se encarga de “arreglar” esos “asuntos,” es el mayor de sus hijos: Gerard. Y es ahí cuando el dolor de cabeza aumenta. Donald es un hombre de familia, de eso no hay duda alguna, le gusta pasar tiempo con sus hijos y esposa, salir de vacaciones, bromear y platicar con ellos.

Sin embargo con Gerard últimamente eso ha resultado casi imposible. De cierta manera, Donald entiende el repudio de su primogénito hacia él. Siente que lo tiene bien merecido, mas eso no quiere decir que le guste. En incontables ocasiones ha tratado de buscar el perdón de Gerard, mas parece que entre más trata de acercarse, más lo aleja.

¿Y a qué ha llevado esto? A que Gerard busque llevarle la contraria, siempre. Por lo que, a pesar que hace un buen trabajo resolviendo los problemas de los demás, además que es excelente para las estrategias y administración de dinero (debería de convencerlo para que estudie administración pública o algo así), Gerard no anda por el buen camino.

Él nunca se lo ha dicho a Donald, pero este está casi seguro que Gerard se relaciona con la Familia Curtis y nadie tiene ni idea de cómo eso hace sentir a Donald. Le rompe el corazón.

No puede creer que su propia sangre lo traicione de esta manera. Lo que más le duele, es lo que tendría que hacer si es que sus corazonadas son ciertas. ¿Sería capaz de matar a su hijo? ¿A su único barón?

Nunca ha querido pensar en las respuestas a esas preguntas.

Y pensando en asesinatos, ese es otro de los puntos en: “Motivos por los cuales es difícil ser yo.” ¿Tienen idea de la cantidad de veces en las que su vida se ha visto amenazada? ¡Él ya hasta ha perdido la cuenta! En una ocasión terminó en el hospital y creyó que de esa no saldría, afortunadamente, logró seguir con vida, ¿pero qué tal si no lo hubiera hecho? ¿Quién se habría encargado de la Familia?

Comenzaba a dudar que su hijo lo hiciera, seguramente le entregaría todas sus conexiones y territorios a la Familia Curtis. Eso era algo que Donald no podía permitir, por eso es que había luchado tanto para seguir con vida.

Por su familia no se preocupa, pues era de común acuerdo que con las familias uno no se debe de meter. La familia es sagrada, quien llegue a intentar poner una mano sobre su adorada Donna, o su preciosa hija, Scarlett, puede estar seguro que le esperará una muerte lenta y realmente dolorosa.