Mantén la fe, es lo que siempre se dice después de correr casi un kilómetro. Mantén la jodida fe… se repite una y otra vez, con las manos descansando sobre sus rodillas, tratando de retener las lágrimas que amenazan con salir de sus ojos.

Cuando siente que no puede más, cuando está a punto de perder esa fe que es tal frágil, cierra los ojos y los aprieta con fuerza. Respira hondamente un par de veces, siendo incapaz de relajarse. Cuando llegan momentos como estos, es cuando se endereza, mira al cielo y comienza a gritar.

       " ¡TE ODIO! ¡MALDITA SEA, TE ODIO!"

Lo grita y repite como una mantra. Hay veces en que lo repite tan rápidamente que las palabras comienzan a perder su significado y es ahí cuando sus piernas de debilitan, cae al suelo y comienza a llorar sin consuelo alguno.
Ha sido muy fuerte… tan fuerte que ha perdido las ganas de seguir adelante.