“Para ti, ¿quién es más guapo?”

Aquella tarde Frank y Gerard quedaron de verse en la estación de metro que le quedaba más cerca a ambos. Por algún extraño motivo, el mayor quería que Iero lo acompañara a su escuela, y como este jamás podía negarle nada... ahora se encontraban en el centro comercial más cercano a la preparatoria de Gerard, hojeando revistas y libros que estaban a su alrededor.

El oji-avellana soltó una carcajada mientras negaba con la cabeza. Tomó la revista que su novio le extendía y simuló pensar un momento su respuesta.

“Él,” contestó, señalando al chico rubio de la esquina derecha. El azabache alzó una ceja en su dirección, le arrebató la revista de las manos y analizó críticamente al individuo señalado.

“¿Él?” Cuestionó, el más pequeño asintió. “¿De verdad?”

“¡De verdad!” Contestó Frank entre risas. “¿Por qué te parece tan increíble, uh? Los demás lucen en extremo homosexuales. Además, sí, está guapito.”

Gerard hizo una mueca, provocando nuevamente la risa en su novio. El más alto dejó el número en el aparador de donde lo tomó, y abrazó sorpresivamente a Iero por la cintura.

“Pero yo soy más guapo que ellos, ¿verdad?” Preguntó, a la vez que llenaba de besos el rostro del castaño. “¿Verdad, Iero?”

“¡Claro que sí, Gerard!” Respondió aun entre risas. “Mucho más guapo. Eres precioso.”

“Lo sabía.” Murmuró con una sonrisa en la boca, al mismo tiempo que aprisionaba el labio inferior de Frank entre sus dientes.