Eran momentos como ese los que
adoraba. Le encantaba sentir el peso del otro sobre él, así como también le
gustaba acompasar su respiración con la del azabache para respirar a un mismo
ritmo. Cerró los ojos y permitió que una sonrisa se adueñara de sus rosados
labios en cuanto la piel de su cuello se erizó ante la cercana respiración del
oji-olivo. Dejó que sus manos descendieran de los hombros de Gerard hasta la
espalda baja de este.
Se permitió disfrutar de lo suave
que era su piel, de lo fresca que se sentía ante el contacto y no pudo evitar
pensar en lo afortunado que era por estar en ese lugar, con esa persona.
La persona con la que quería
pasar cada uno de sus días.
—
¿Qué tanto piensas? — Cuestionó el más
alto, recargando sus codos contra el colchón para poder descansar su mentón
sobre sus manos entrelazadas. — Has estado muy callado.
—
En nada. — Contestó con simpleza,
abriendo los ojos para encontrarse con aquellas orbes olivas que tanto le
arrebataban el aire y su sonrisa se ensanchó. — ¿En qué piensas tú? Tampoco has
dicho palabra alguna desde hace rato.
Gerard suelta una risa
encantadora, con aquel timbre infantil que a muchos exasperaba, pero que a
Frank fascinaba.
—
En lo mucho que me gusta hacer el amor
contigo. — Fue la respuesta que dio y el castaño se sorprendió. El azabache
colocó ambas piernas a los costados de su novio y llevó sus labios hacia el
cuello del más pequeño, mordiéndolo levemente para después depositar un corto
beso en la zona afectada.
Sus manos recorrieron el torso
del oji-avellana y su piel comenzó a erizarse. No hacía falta nada más para que
su respiración se acelerara, lo único que necesitaba, era un simple roce por
parte de las delicadas manos del otro para comenzar a perder el control.
Siempre era así con Gerard. Era
como si durante toda su vida, Frank hubiera esperado por esa chispa que
encendiera su mecha y estallara. Gerard era su chispa; Gerard hacía que su
mundo explotara.
—
¿Sabes? — Comenzó a hablar Way
nuevamente, sin dejar de recorrer la piel de su novio. — En todo el tiempo que
hemos estado juntos, jamás había visto tu cara mientras hacíamos el amor. —
Susurró sin despegar mucho sus labios de la piel de su cuello. — Siempre
descansas tu frente contra mi hombro, o estás detrás de mí y me es imposible
ver tu cara.
Aunque tal vez su intención no
era avergonzarlo, Frank sintió como un sonrojo se adueñaba salvajemente de su
rostro. Nunca se había dado cuenta de eso. Estaba tan inmerso en el placer que
sentía al estar junto al oji-olivo, que jamás se le había pasado por la mente
que no veía a Gerard a los ojos mientras tenían sexo.
—
¿Eso te molesta? — Preguntó en voz baja,
sin ocultar la vergüenza que sentía en ese momento.
El azabache se encogió de
hombros.
—
Creo que no. — Contestó después de unos
segundos de silencio. — Pero, después de lo de ahorita… — Dijo, haciendo
referencia a la sesión que habían tenido minutos atrás. — Creo que mi posición
favorita será donde pueda ver tu rostro. — Confesó, y por la manera en que sus
manos apretaban su torso, Frank pudo deducir que se sentía apenado.
Esto le robó una sonrisa.
El oji-avellana llevó ambas manos
al rostro de su novio e hizo que este lo mirara a los ojos. Ambos se sonrieron
y Frank acarició el pómulo derecho de Gerard con su pulgar, provocando que este
descansara su rostro en la palma extendida del más pequeño.
—
¿Por qué lo dices? — Cuestionó de nuevo,
sintiendo una genuina curiosidad. El oji-olivo ensanchó un poco su sonrisa y
depositó un beso en la palma de Frank.
—
Porque no tienes idea de lo hermoso que
te ves cuando estás excitado. — Contestó con firmeza el otro, logrando que el
sonrojo reapareciera en las mejillas del castaño. — Además, adoro la manera en
que me miras, como si fuera algo precioso…
Gerard hizo una pausa, se mordió
con ligereza el labio inferior y esta vez acercó sus labios a la oreja derecha
de su novio.
—
Me vuelve loco ver como te muerdes los
labios para contener tus gemidos, o la manera en que cierras los ojos cuando
estás tan cerca de terminar dentro de mí…
Frank siente que comienza a
excitarse de nuevo con tan solo escuchar el tono ronco en la voz de su novio.
Aferra sus manos a la cintura de Gerard y lo aprieta con tanta fuerza, que sabe
dejará marcas.
Gira su cabeza hacia la derecha,
tratando de atrapar los delgados labios de Gerard y besarlos hasta dejarlos
rojos. El azabache adivina su intención, ríe con anticipación, y rompe con la
distancia que hay entre los dos.
—
Me tienes completamente loco. — Murmura
Frank en medio del beso, robando otra risita de los labios del oji-olivo. —
Loco, loco, loco, ¿me oyes?
—
Sí, te oigo. — Responde el otro. — Y tu
me tienes perdidamente enamorado, ¿lo sabías?
El pecho del más pequeño se
hincha de felicidad, abraza con fuerza el delgado cuerpo del azabache y vuelve
a besarlo.
Claro que lo sabe, pero le
encanta que se lo recuerde una y otra vez.
—
Te amo, te amo, te amo. — Repite, a la
vez que reparte cortos y pequeños besos a lo largo y ancho de las delicadas
facciones de Way. — Te amo como no tienes idea.
Dice por última vez, antes
comenzar a recorrer con sus manos cada centímetro de la piel de Gerard,
dispuesto a hacerle el amor una vez más.
Posted by LegalizeDrarry in Fandom: My Chemical Romance, Ficlet, Frank Iero, Gerard Way, Pairing: Frerard, Por: Michelle Razo